El tadalafilo, principio activo del Cialis, fue desarrollado por los laboratorios ICOS Corporation en colaboración con Eli Lilly. Tras años de investigación clínica, la FDA otorgó su aprobación en noviembre de 2003, convirtiéndolo en el tercer inhibidor de PDE5 disponible en el mercado, tras el sildenafilo (Viagra) y el vardenafilo (Levitra).
Lo que distinguió al tadalafilo desde el primer momento fue su excepcional vida media: mientras el sildenafilo actúa durante 4–6 horas, el tadalafilo mantiene su efecto hasta 36 horas. Esta característica le valió el apodo de «la pastilla del fin de semana» y cambió profundamente la manera en que los pacientes con disfunción eréctil planifican su vida íntima.
El mecanismo es selectivo: el tadalafilo inhibe la fosfodiesterasa tipo 5 en el tejido muscular liso del cuerpo cavernoso, favoreciendo la relajación vascular y el flujo sanguíneo necesario para la erección, sin alterar la respuesta sexual natural ni requerir estimulación artificial.
Estudios con más de 4.000 pacientes — incluyendo hombres con diabetes y cáncer de próstata — confirmaron su eficacia. El 81% de los participantes declaró preferir el tadalafilo por su larga ventana de acción; el 90% de los urólogos que lo prescriben lo recomiendan a pacientes que no desean planificar el coito.
Hoy el Cialis de marca comparte mercado con una amplia gama de genéricos bioequivalentes que contienen el mismo principio activo a una fracción del precio, sin diferencia clínica demostrable.
El mercado de genéricos ha ampliado considerablemente el abanico de presentaciones del tadalafilo, adaptándolo a distintos perfiles de usuario y preferencias de administración.